¿Qué características definen al mobile-learning?

El modelo de educación tradicional que tiene lugar en un salón de clases, y que sigue siendo el más común actualmente, se desarrolló mucho antes de la difusión de las tecnologías de la información y la comunicación. [1] Aun así, un formato mucho menos común (incluso luego del COVID) tiene siglos de antigüedad y ha sido recientemente impulsado por dichas tecnologías: la educación a distancia. Este es un formato donde se aprende fundamentalmente a partir de materiales y recursos educativos en lugar del intercambio directo con el profesor. Esta relación se complejizó a partir de esas tecnologías, permitiendo intercambios en tiempo real y diversificando los materiales y posibilidades interactivas, dando lugar a la educación online; también conocida como e-learning. De este formato se diferencia un área vinculada no solo con la distancia, sino con el movimiento, el mobile learning o m-learning (que podría traducirse como educación móvil o aprendizaje móvil, pero en español es común utilizar el término en inglés).




No se trata de móviles o celulares


Es cierto que el m-learning está estrechamente vinculado a los dispositivos móviles, pero el centro de esta metodología no es el aparato que permite la conexión, sino la posibilidad de un aprendizaje ubicuo que tiene lugar durante el movimiento. En otras palabras, el m-learning es una parte del e-learning, pero mientras el e-learning se caracteriza por la conectividad, la interactividad y el contenido multimedia, el m-learning es también ligero, veloz, espontáneo e informal. [2] En este sentido, algunos consideran el m-learning como un pasó “más allá” o una forma más avanzada de e-learning, acercando, si se quiere, la educación a las personas a través de dispositivos que manipulan de forma cotidiana. Una de las razones que podrían motivar esta línea de pensamiento es que las tecnologías asociadas con esos dispositivos, que actualmente permiten e incluso promueven este formato, avanzan rápidamente y son capaces de responder a los deseos de las nuevas generaciones. [2]



Un teléfono celular que contiene edificios, calles y libros tridimensionales en su pantalla
La interacción y la movilidad soportada por los dispositivos. Dibujo del autor.

El m-learning no solo permite la movilidad, es también inalámbrico. De alguna manera surge como una reacción al e-learning tradicional [lo que puede sonar paradigmático], una plataforma para brindar herramientas a una población que busca el conocimiento en cualquier lugar y en cualquier momento. [3] Por ejemplo, el m-learning facilita el aprendizaje a los trabajadores mientras se enfrentan a los problemas cotidianos, el de los estudiantes cuando no saben cómo resolver un ejercicio o el de cualquier otra persona que busca una respuesta a una cuestión que desconoce. Este hecho explica otra de las características fundamentales del m-learning, la informalidad.




Retos y necesidades


Actualmente el m-learning está intensamente dominado por un escenario informal. [4] Cuando se quiere desarrollar formalmente a través de instituciones educativas –paradójicamente– es necesario motivar a los estudiantes sobre los beneficios del formato, al mismo tiempo que se requiere formar a los profesores y crear plataformas intuitivas que faciliten el aprendizaje. [5] Otros retos del m-learning son la velocidad de conexión, el rendimiento de los dispositivos, el tamaño de las pantallas, así como la diversidad de plataformas y muchas veces el esfuerzo, la inversión que de recursos y el capital humano que requiere la adaptación de los contenidos e-learning a m-learning. [3]


Para seguir avanzando y apuntar a una mediana estructuración de su desarrollo sin que pierda el potencial móvil e inalámbrico, es necesario considerar varias condiciones. Por ejemplo, el m-learning tiene que mantener y desarrollar su portabilidad, personalizar el aprendizaje según las habilidades, conocimientos y necesidades de los interesados, mientras alcanza a la mayor parte de la población y les resulta útil y fácil de usar. [3] Aunque son varios los puntos a tomar en cuenta, es importante subrayar que el m-learning tiene que servir como herramienta para llegar a más personas. Los dispositivos y la conectividad de la que dependen sus recursos no pueden exigir estándares de mediana o alta gama que contribuyan a la desigualdad del sistema educativo como lo conocemos.




Perspectivas de futuro


Hace veinte años se preveía que el proceso de enseñanza se volvería más flexible y acompañaría la necesidad de constante aprendizaje de las nuevas generaciones, lo que potenciaría el m-learning, motorizado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. [6] Con el paso del tiempo, se ha podido observar la consolidación de estas visiones y actualmente es fácil percibir que el m-learning se seguirá desarrollando. La próxima generación será mucho más ubicua, utilizará dispositivos y más complejos, se relacionará con sistemas inteligentes y tendrá una fuerte presencia en el mundo virtual. [1] Algunos expertos incluso prevén que los dispositivos serán capaces de comprender el estado fisiológico de las personas y con esta información los sistemas decidirán que actividades proponerle. [1] Este sería un nivel de interacción que no hemos visto hasta ahora, pero que tiene relación con los perfiles que las empresas construyen a partir de los hábitos de las personas y les permiten mostrar publicidad a medida.




Posdata


El m-learning se desarrolla a partir del e-learning como una opción ágil e inalámbrica que permite el aprendizaje ubicuo. Su naturaleza hasta el momento es fundamentalmente informal, pero tiene un enorme potencial que podría llevar el sistema educativo formal a otro nivel, más estrechamente vinculado con la hiperconectividad actual.




Referencias


[1] M. Ally and J. Prieto-Blázquez, “¿Cuál es el futuro del aprendizaje móvil en la educación?,” RUSC Univ. Knowl. Soc. J., vol. 11, no. 1, pp. 142–151, 2014.


[2] A. T. Korucu and A. Alkan, “Differences between m-learning (mobile learning) and e-learning, basic terminology and usage of m-learning in education,” Procedia - Soc. Behav. Sci., vol. 15, pp. 1925–1930, 2011.


[3] Y. Mehdipour and H. Zerehkafi, “Presence and the Eucharistic Presence,” English, vol. 3, no. 6, pp. 93–101, 2013.


[4] K. N. Chee and N. Yahaya, “Review of Mobile Learning Trends 2010-2015: A Meta-Analysis,” no. March, 2017.


[5] A. Abu-Al-Aish and S. Love, “Factors influencing students’ acceptance of m-learning: An investigation in higher education,” Int. Rev. Res. Open Distance Learn., vol. 14, no. 5, pp. 82–107, 2013.


[6] T. Georgiev, E. Georgieva, and A. Smrikarov, “M-Learning - a New Stage of Е-Learning Tsvetozar,” no. June, p. 1, 2004.



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